La aparición por sorpresa de Giancarlo Guerrero en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl de Bad Bunny cautivó a la comunidad de la música clásica. No es frecuente que los músicos clásicos hispanos o latinoamericanos reciban un poco de la gran atención pública en el mayor evento deportivo anual del país, con una audiencia estimada de 125 millones este año. Si bien el director de 56 años, nacido en Nicaragua y criado en Costa Rica, se había presentado con artistas pop como Ben Folds y Wynonna Judd durante sus 16 años como director musical de la Sinfónica de Nashville, el haber sido invitado personalmente para participar en el espectáculo de la NFL por la estrella pop más de moda del momento fue algo completamente sin precedente.
Al igual que Bad Bunny, Guerrero ha ganado seis premios Grammy. Ha dirigido orquestas en Estados Unidos y en el extranjero, y es el nuevo director musical del Festival de Música Grant Park en Chicago y de la Orquesta de Sarasota en Florida. Cuando su manager recibió una llamada del equipo de Bad Bunny el 31 de enero, parte del acuerdo ultrasecreto era que tenía que estar en Santa Clara, California, donde se llevó a cabo el partido, dos días después, uniéndose a casi 800 otros participantes y extras para los ensayos antes del domingo del Super Bowl.
En el show, casi íntegramente en español por primera vez en la historia, la cámara enfoca brevemente a Guerrero dirigiendo a unos 30 músicos de cuerda del Área de la Bahía, tocando sus instrumentos de arco al ritmo de una pista de clic mediante monitores intra-auriculares, algo poco común en la música clásica, pero habitual en espectáculos de la talla del Super Bowl. La melodía que interpretan es de “Mónaco”, el éxito de Latin trap de Bad Bunny, que a su vez lo samplea de la canción de 1964 “Hier encore” del baladista francés Charles Aznavour. El inicio de “Mónaco” da paso a un cordial “¡Buenas tardes, California! Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio” del rapero puertorriqueño, presentándose por su nombre de nacimiento en medio de un estadio Levi’s repleto para su show, logísticamente complejo, como un mosaico.
“Cuando hablábamos de todo el proyecto, una de las cosas que Benito dijo fue: ‘Sabes, fácilmente podría haber usado sintetizadores para esa parte, con alguien moviendo el brazo, pero quería una orquesta de cuerdas de verdad y un director de verdad’ ”, me contó Guerrero desde su casa en Miami. Conoció a Bad Bunny el día de la actuación (había dobles de Bad Bunny en los ensayos) en una instalación especial para el medio tiempo, donde congeniaron jugando al dominó durante un rato libre. “Nunca olvidaré que dijo: ‘Respeto demasiado lo que hacen ustedes, y necesitan que se les presente de la manera adecuada’. Eso me habla de un artista que realmente se enfoca en el aspecto musical y siente tal admiración por lo que hacemos que, aunque ya me había convertido en fan, eso realmente lo puso por encima y me hizo pensar en él como un artista muy serio”.
Detrás de escena en el Super Bowl: Bad Bunny, Giancarlo Guerrero y Shirley Guerrero, esposa del director. Foto cortesía de Giancarlo Guerrero.
A continuación se presentan fragmentos editados de mi conversación con Guerrero.
¿Qué significó para ti que Bad Bunny te contactara para un evento tan prominente?
Mi primera reacción fue casi de incredulidad. Incluso mientras escuchaba a mi mánager hablar, mi esposa estaba conmigo en la llamada y ambos nos miramos como diciendo, espera un momento, la NFL, el Super Bowl, Bad Bunny, el show de medio tiempo, y un director de orquesta. Simplemente no vi la conexión. Por un segundo pensé que podría ser una broma. Y entonces mi mánager me dijo: “¿Sabes quién es este tipo, verdad?”. Le dije: “Claro. Tengo esposa y dos hijas; cada vez que estoy en el carro oigo su música”.
En el Super Bowl, Giancarlo Guerrero, músicos de cuerda y, en el centro, Bad Bunny. Mira el show de medio tiempo, comenzando cuando Guerrero y los músicos tocan "Mónaco" de Bad Bunny, aquí: https://www.youtube.com/watch?v=G6FuWd4wNd8&t=270s
Una vez que me di cuenta de que era real, me sentí muy honrado. En ese momento, ni siquiera pensé en cómo surgió mi nombre, pero puede que tenga que ver con la conexión de los Grammy. He estado en Puerto Rico muchas veces para dirigir en el Festival Casals y la Sinfónica de Puerto Rico. Así que quién sabe, este mundo es muy pequeño cuando se trata de música. Alguien me conocía y se lo contó, y puede que esa sea la conexión. Cuando por fin lo conocí, debí haberle preguntado: “Por cierto, ¿cómo salió mi nombre?”. ¡Supongo que lo dejaré para la próxima!
¿Qué más aprendiste sobre su trabajo que podría ser similar al tuyo?
Ahora él es la estrella pop más grande del mundo, así que, por supuesto, tiene acceso a los mejores arreglistas, músicos y productores, entonces la calidad de su creación musical es absolutamente impresionante. Es capaz de moverse entre géneros con facilidad, pasando del reguetón a la salsa, y a esto y aquello. Todos los siete escenarios en el Super Bowl eran de diferentes estilos musicales.
Y es como lo que hacemos nosotros: tenemos que movernos entre el barroco, el clásico, el moderno, la ópera, lo que sea. Hablamos de lo aburrido que sería para nosotros estar estancados en un solo género. No podría imaginar mi vida así. Siempre estoy curioso respecto a otras cosas, y él también; obviamente, está al tanto de lo que sucede en el mundo de la música clásica. Si vas a presentar algo y esperas que te traten con seriedad, tienes que hacerlo con seriedad, aunque sea solo por 40 segundos [de los 13 minutos del show de medio tiempo]. Eso te dice de dónde viene, y no siento más que admiración por un artista que piensa así.
“Estoy agradecido con Benito [Bad Bunny] por invitarnos a tocar en el Super Bowl, porque los músicos clásicos no suelen tener esa exposición”, dice Giancarlo Guerrero.
¿Qué crees que tu participación logró para la comunidad de la música clásica?
Al minuto de que el show de medio tiempo ocurriera, empecé a ver posts de orquestas de Europa y Asia sobre alguien con una carrera exitosa en la música clásica que estaba en el show. No tenía idea de cuánto tiempo iba a aparecer en cámara, o si es que iba a aparecer. Solo sabía que estaba haciendo lo mío, y vi cámaras y a Bad Bunny pasando, pero no tenía ni idea de cuál sería el resultado. Mi esposa, que estaba esperándome en la instalación para el medio tiempo, dijo que en cuanto sucedió, el teléfono empezó a reventar. Supongo que fue suficiente tiempo para que la gente me reconociera.
Le agradezco a Benito que nos invitara porque no tenemos esa visibilidad a menudo; la última vez que se hizo fue hace 10 años con Gustavo Dudamel dirigiendo la YOLA [Orquesta Juvenil de Los Ángeles, en el Super Bowl 50]. Contar con dos directores hispanos con carreras exitosas en Estados Unidos, en medio de este clima político, es simplemente extraordinario. Hizo que empiece la conversación y despertó mucho interés, en mi caso, en la Orquesta de Sarasota y el Festival de Música de Grant Park. También en la Sinfónica de Nashville, donde ahora soy director laureado, y en mi antigua orquesta en Polonia, la Filarmónica de Breslavia. En muchos sentidos, esto ha sido una bendición, respecto a la visibilidad de lo que hacemos.
Giancarlo Guerrero es director musical del Festival de Música de Grant Park y de la Orquesta de Sarasota, y director laureado de la Sinfónica de Nashville. Foto de Lukasz Rajchert.
El show también incluyó una amplia representación de las comunidades hispana y latinoamericana. ¿Qué crees que han aportado estas comunidades a la industria de la música clásica?
Primero que nada, el show tenía un mensaje muy lindo de inclusión, de comunión, de unión, como personas de distintos lugares del mundo. La mejor parte del show, para mí, fue la camaradería que existía durante esos días de todos trabajando juntos para un mismo fin. Y uno dice, “hispanos, latinos,” pero en estas 1,000 personas, entre personal, músicos, bailarines, habían personas de todas partes del mundo, de distintas edades, de todos colores, y todos trabajando para un mismo fin. Al final del día, ese es el mensaje: si todos nos unimos para un fin común, podemos lograr lo que sea.
En la inauguración del Super Bowl, la cantante Coco Jones y un conjunto que incluía a Stephanie Matthews y Kayla Cabrera, artistas de la Organización Sphinx, interpretaron “Lift Every Voice and Sing,” conocido como el himno nacional afroamericano. Charlie Puth cantó el Himno Nacional de Estados Unidos antes del partido.
Los músicos de orquesta sinfónica, hoy en día gran parte de la exportación viene de América Latina, de países como México, Costa Rica, Venezuela, Argentina, Chile, Brasil. Todos estos países, como mi propio país, Costa Rica, que hace 53 años empezó sus programas juveniles de orquesta, están viendo ahora el fruto de esa inversión. Ahora yo viajo a Europa, Australia, a la Chicago Symphony, o la Orquesta de Minnesota, y me encuentro con músicos de [esos países].
Las orquestas juveniles en América Latina empezaron hace un poquito más de 50 años; Costa Rica fue una de las primeras. Yo soy un orgulloso producto del programa juvenil de la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica. Ahí empecé yo, y era, como para muchos niños, un pasatiempo que se convirtió en una pasión. Hoy en día dedico mi vida a la música. Si vas a cualquier orquesta, o compañía de ópera, te vas a encontrar con músicos latinos que hemos venido aquí para buscar mejores oportunidades.
“Como artistas, debemos seguir pensando creativamente en cómo expandirnos más allá de nuestra audiencia actual. El público amante de la música está en todas partes; solo es cuestión de exponerlos gradualmente a ella”, dice Guerrero.
¿Qué crees que la música clásica puede aprender del show, incluida tu participación?
Nosotros como artistas tenemos que seguir pensando de una manera creativa de cómo expandirnos más allá de nuestra base de público. Los amantes de la música están ahí, es cuestión de simplemente exponerlos a ello, poco a poco. Yo soy un ejemplo de esto, yo venía de una familia de Julio Iglesias y música mariachi en mi casa.
Y en el momento que pasan esa puerta y entran al teatro, en todos los casos en mi experiencia, han dicho “Mira, ¿dónde ha estado esto toda mi vida?” Esto es realmente una experiencia única, el poder escuchar este repertorio de hace más de 200 años. Hay una razón por la cual seguimos celebrando a Beethoven, Mozart, Mahler, Brahms, y especialmente, los compositores de hoy en día que siguen escribiendo.
Creo que tenemos que de alguna manera contar historias, no simplemente creer que con solo tocar Tchaikovsky solucionamos todo. Vivimos en un mundo muy distinto, y nosotros, como instituciones de música clásica, de repertorio sinfónico y ópera, tenemos que ser muy creativos, especialmente con la cantidad de competencia que hay alrededor de nosotros. Tenemos que seguir adelante, porque al igual que Bad Bunny, para nosotros también hay mucho público. Pero tenemos que seguir tocando esas puertas para que la gente se sienta bienvenida a nuestro mundo.



